A pesar de que el plazo expiró el pasado 6 de febrero, España lleva ya 4 años sin aplicar la directiva europea para la protección contra los peligros del gas radón en interiores.

La directiva europea obliga a los Estados miembro a establecer niveles nacionales de referencia para las concentraciones de radón en recintos cerrados. Fue aprobada en 2013 y el plazo para adaptarla concluyó en febrero de 2018 sin que España hubiera adaptado para entonces su legislación.

La demora provocó que la Comisión Europea en Bruselas abriera un expediente contra España en 2019 y aunque ha habido avances todavía no está transpuesta en su totalidad.

“Se calcula que, en España, el radón provoca la muerte directa por cáncer de pulmón a 1.500 personas al año”

El día 20 de diciembre de 2019 el Consejo de Ministros aprobó el Real Decreto que modifica el Código Técnico de Edificación. En él se establece un valor límite de 300 Bq/m3 de concentración de radón media anual en interiores y afecta tanto a nuevas edificaciones como a las ya existentes.

Según datos del CSN, el 10 por ciento de los edificios españoles supera los 300 bq/m3 y la cuarta parte del suelo nacional está afectado por elevadas concentraciones de radón en el suelo.

El radón es un gas radiactivo, presente en la naturaleza de manera natural. Es un gas inoloro, incoloro e insípido.

El radón procede de la desintegración del uranio.

Al ser gaseoso emana a la atmósfera y puede moverse fácilmente por la corteza terrestre. Debido a su gran capacidad de movimiento puede llegar a los edificios procedente del subsuelo y acumularse en su interior, especialmente en sótanos y garajes.

Al ser inhalado la desintegración de sus partículas radiactivas pueden producir cáncer de pulmón.

Todas las edificaciones tienen radón en pequeñas concentraciones. La acumulación de gas radón depende de varios factores: la cantidad de uranio que haya en las rocas y en el terreno del subsuelo, las vías que consigue el radón para entrar en las viviendas y la tasa de intercambio de aire entre el exterior y el interior.

Para reducir la concentración de radón en interiores, tanto de las viviendas de nueva construcción como las ya existentes, debemos asegurar la renovación del aire interior y prevenir su filtración desde el subsuelo.

Conocer los niveles de radón es sencillo. Basta con instalar un medidor de radón que nos ofrecerá la concentración media anual en el espacio afectado.

Si la medición supera los 300 BQm3 se deberán de tomar medidas correctoras.

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